Uno de los aspectos más radicales y, a menudo, más olvidados por la didáctica y la educación pertenece a la antropología: qué entendemos por persona. Toda forma de evaluar, enseñar o acompañar presupone una respuesta, aunque no siempre se haya hecho explícita.
Una persona no es solo cuerpo, pero tampoco queda explicada al añadir al cuerpo un conjunto de facultades psíquicas. Es un «quién» singular. Su inteligencia, voluntad y afectividad son decisivas, pero ninguna de ellas por separado, ni todas sumadas, agotan su identidad.
Educar es ayudar a crecer sin reducir a la persona a aquello que puede medirse, entrenarse o corregirse